Asociado a las celebraciones de la Semana Santa, la madrugada del Jueves Santo acoge la celebración de la procesión pagana del Entierro de Genarín, en recuerdo de Genaro Blanco, un pellejero de principios del s.XX, famoso en su época y ambiente, que gustaba de beber orujo y frecuentar los burdeles de la ciudad, y que fue atropellado por el primer camión de la basura de la ciudad mientras estaba defecando en uno de los cubos de la muralla medieval, en la llamada Calle de los Cubos, en la noche de Jueves Santo.
A su alrededor surgió entonces, en torno a la gente más bohemia de León, la costumbre de rememorar tal acontecimiento con una "procesión", creando para ello la parafernalia de una cofradía (la Cofradía de Nuestro Padre Genarín), sustentada en el "supuesto" carácter milagrero del borracho (con milagros relacionados, por ejemplo, con victorias de la Cultural y Deportiva Leonesa, equipo local), refrendado por las figuras de "Cuatro Evangelistas", cuatro leoneses que recitaron durante años los poemas que acompañan la celebración. La procesión comienza tras una cena de los hermanos de la Cofradía en uno de los restaurantes más típicos del Barrio Húmedo, regada siempre por buenos vinos y orujos; entonces, ésta parte en un particular viacrucis de borrachos, que recorre los bares del casco antiguo en dirección a la muralla, para concluir la procesión en el cubo en el que fue atropellado Genarín, al que uno de los hermanos trepa para depositar una corona de laurel, queso y otras viandas. Mientras tanto, son recitados poemas, siempre nuevos, alusivos al "Santo borracho y putero". Esta costumbre tan particular es reflejada por Julio Llamazares en su ensayo El Entierro de Genarín.










